Existen cuatro tipos de realidades: La que aprovechamos, la que evadimos, la que deseamos y la que simplemente es.
Claramente, mientras más se aprovecha la realidad “real”, más concretos son los logros y satisfacciones, y también las relaciones humanas.
La principal vía para aprovechar la realidad es tener una noción realista de las cosas, del entorno, de los demás y de uno mismo.
Así, las grandes promesas y los proyectos monumentales han de dar paso a acciones concretas, a gestos que a diario vayan aportando a la realidad e incluso vayan cambiándola.
De la misma manera, la noción real de uno mismo colabora evitando dar falsas expectativas, y demostrando lo vulnerable que se puede ser en algunos aspectos y lo sobresaliente en otros.
De este modo, las personas pueden rodearse de otros que compartan formas de ser, sentir o pensar reales y concretas. Y a quienes tales formas no acomoden, siempre se abrirán otros caminos.
La realidad no siempre es amable, pero sí sincera.
Si es aceptada tal cual es, se pagan al contado los momentos en que se descubre que fue aparente.
Las cosas son lo que son y no lo que se supone que sean.
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